Gusanos, cadáveres y mariposas

El Cayapo

Las palabras debemos pensarlas antes de decirlas, porque las palabras son poderosas y afectan a las personas. Se tiene que pensar cómo se van a decir, cuando las decimos, a quien se las decimos, con qué objetivo.

Tenemos que tener la suficiente claridad que nos construimos como políticos de un nuevo tiempo histórico, no como los políticos tradicionales. Nosotros no podemos tener la típica escuela de cuadros, la típica formación ideológica, no. Nuestra formación dependerá del trabajo; estamos aquí haciendo esta mesa y a su vez discutiendo y pensando en el país por diseñar, ¿cómo se va a hacer esa mesa? ¿Para qué se va a hacer esa mesa? Ésa es la política, ¿cuántas matas vamos a sembrar? ¿Cuántos animales vamos a criar? ¿Con quién nos vamos a contactar? Y esa política debe generarnos una ética, que donde nos paremos la podamos practicar, porque tenemos una ética, porque construimos una ética y se nos respeta, no porque somos arrechos o damos coñazos o cargamos una pistola o nos caemos a puñaladas; sino porque tenemos una idea y es viva y nace de la fuerza de nuestro trabajo.

Y así es que tenemos que construirnos, como políticos que respetan a los demás. Uno no puede ir jodiendo gente, engañando gente, usando el discurso para robarle al otro una vaina, no, al contrario, si llegamos a un sitio no podemos llegar rapiñando a la gente que está ahí. Por ejemplo, llegamos a un sitio y hay un racimo de topocho, no vamos a engañar para que nos lo regalen, si lo necesitamos lo compramos, eso nos da respeto, cuando la gente hable de nosotros, siempre hablará con respeto, así estén o no estén de acuerdo con nosotros.

La ética se manifiesta en todo el accionar, porque la idea no se puede sustentar con indefinición, si la gente quiere profundizar sus contradicciones, bueno que las profundice al máximo, pero en su medida, no porque la presionamos, porque muchos de nosotros podemos estar presionando al otro, porque necesitamos el compinche y la política en esta idea no se hace con compinches, esa es la política tradicional, usar un grupo de gente para un beneficio personal e individual, no, se supone que esta política y esta compañía debe ser entre políticos, no entre hippies, no entre raperos, no entre mujeres y hombres que buscan resolver intereses particulares; no, debemos ser políticos que nos constituimos y creamos unos lazos profundos, de hermandad a través del trabajo, a través de compartir una idea, en el mundo practico real.

No es que vamos a constituirnos en gremios de poetas, raperos, cuenteros, porque se estaría repitiendo el capitalismo, la lógica es que todo el que esté, sea un político y tiene claro ese plan, que es para todos, no para unos y otros no. No es que, no a mí no me interesa eso que está pasando ahí, yo me voy para mi habitación a cuidar a mi muchacho o a tirar con mi marido o con mi mujer y eso que está pasando ahí no me importa, que me llamen cuando estén haciendo comida, o nojoda a mí me ladilla esa discutidera o yo me voy a comer solo, ¡no! La comida es un hecho político, sembrar es un hecho político; cada cosa que hacemos es un hecho político, porque somos seres políticos y no hay otra manera que esta especie funcione.

Nosotros debemos discutir la política frescamente, sin dogma, sin religión, el mundo real y plantearse una vaina real, concreta, demostrable; pero eso requiere de una decisión que va más allá, porque cuando nos constituimos como un ser político, tenemos que ir para el mundo a construir esa idea, a reproducirla, porque no somos un rayo de luz que como faro va a iluminar al mundo, tenemos que entregarle la vida a esa idea, y para esa tarea, debemos preparar y condicionar al cuerpo.

Si no tenemos la disposición de convertirnos en seres políticos desprendidos, con vocación de servicio, sin ambición individual, sino colectiva trascendental, comprendiendo el tiempo histórico, no lo intentemos, porque vamos a llevar pingazos, porque ahí no vamos a disfrutar de las mieles del capitalismo, que es como comparamos los sueños, comernos al mundo, pero sin pasar por los desagrados, porque la idea nos pide es pulir el cuerpo, fortalecerlo, para que lo que escribamos, lo que cantemos, lo que pintemos, la escardilla que usemos, lo sepamos hacer como una herramienta política y tengamos un cuerpo que acompañe a esa definición, porque nosotros venimos de una tragedia, de una enfermedad. También nos tenemos que disciplinar para saber de historia, de geografía, de este país, de arte, de música, de política, saber quien escribió sobre la guerra, para eso tenemos que ser una escuela colectiva, diaria en cada trabajo que hagamos, para construirnos como unos políticos desprendidos que se sustentan en la ética del bien colectivo.

Como clase debemos preocuparnos de pensar otra perspectiva, de crear lo distinto. El llamado a pensar no puede ser a la juventud como entelequia, comodín demagógico, hecho ideológico. Que piense la clase, vamos juntos a crear los mecanismos que hagan posible, la práctica de crear y aplicar el otro pensamiento.

El capitalismo lo está intentado y está haciendo unos esfuerzos bárbaros para tratar de permanecer como un cadáver con un ala de mariposa y una pata de cadáver, porque todo el mundo está trabajando para mantenerse; lo que el empresario no sabe, lo que el comunista no sabe, lo que el socialista no sabe, lo que el anarquista, el religioso, el profesor, el ingeniero, el abogado, el poeta, el músico, el pintor, lo que todos no sabemos, lo que ninguno de nosotros entiende, es que todos estamos trabajando para hacer desaparecer este mundo historial, porque todos somos gusano y cadáver a la vez.

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