Si queremos pensar, debemos suicidarnos intelectualmente (II)

Estamos viviendo un nuevo proceso de reacomodo del capitalismo en el planeta, sus convulsiones son superiores a las que ocurrieron cuando la primera guerra o cuando la segunda guerra mal llamadas "mundiales" que produjeron la rendija que creó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, al este europeo, China, Cuba, Vietnam, y eso hace que hoy ocurra, por ejemplo, los casos venezolano, chileno, uruguayo, paraguayo, boliviano, colombiano, peruano, mexicano, asiático, europeo, africanos, cada uno con sus particularidades.


Ello porque se está moviendo el capitalismo en todo el planeta, no hay un solo pueblo en este planeta que no produzca bajo la égida del capitalismo, que no aplique las leyes del mercado capitalista; no hay un solo pueblo en este planeta que no ambicione, que no desee, bajo la misma ilusión del capitalismo. Estas convulsiones que genera el capitalismo mueven hasta los cimientos en que se sostiene el mismo sistema y se resienten las estructuras, abriendo grandes grietas, inmensas rendijas, generando grandes movimientos sociales. En el caso de hoy, como el capitalismo copa a todo el planeta, las estructuras son mayores, por tanto las grietas y rendijas son de niveles sunámicos y los movimientos sociales son planetarios, creándose grandes oportunidades.


¿Cuál es el problema a resolver por la especie empobrecida del mundo? No es ponerse a llorar, ¡ay, pobrecito de nosotros!, porque las cosas andan mal y nos vamos a morir de hambre, y los ríos se están desbordando, y los mares se están contaminando, y los gobiernos no hacen nada, y las industrias cierran y tenemos demasiado desempleo, y no hay comida ni techo, los salarios son muy bajos, los gobiernos no sirven, la corrupción -este comodín eterno nos agobia- y un sinfín de problemas que se ponen a la vista de todos en el planeta. El problema que nos debemos plantear resolver es el cómo aprovechar la inmensa oportunidad que nos ofrece la rendija, cómo pensarnos juntos, cómo crear otro modo de producción que sustituya al actual modo de producción esclavizador.


Desde que se instaura la revolución burguesa aparece una cantidad de revoluciones. La revolución soviética marxista-leninista, la revolución china de 1949, aparece la revolución democrática vietnamita o la revolución cubana. Cada quién va a darle un nombre a esos movimientos sociales intensos que se generan producto de lo que llamamos las rendijas. Cada vez que el capital entra en crisis se producen rendijas porque éste se tiene que reacomodar, readaptar producto de esas grandes crisis. Para cuando ocurre lo de la Unión Soviética apenas había ocurrido o estaba ocurriendo la primera gran guerra europea. Apenas las potencias empiezan a mostrar diente para el control del planeta.


Todavía el capitalismo es pequeño, es poderoso pero pequeño, apenas está pasando a su fase imperial (el capitalismo, no las naciones), es decir, ya no domina en países, y ahí una aclaratoria importante a pesar de que Carlos Marx y luego Lenin analizan al capitalismo, no a las naciones, y lo colocan en el centro, en la causa del problema: los luchadores sociales en cualquiera de sus variantes lo siguieron viendo como un problema de las malvadas naciones, como si en estas no habitaran también obreros explotados por el mismo capitalismo que convirtió al planeta en mina y nos convirtió a la mayoría de la especie en mineros esclavizados. Aún hoy seguimos con el lenguaje del pasado sin desnudar a las grandes corporaciones y sus mutaciones imperiales.


Lenin es preciso, incluso hay un libro que tituló así: El imperialismo, fase superior del capitalismo. No habla de Inglaterra, ni fase superior de Alemania o de Venezuela, no, es explícito: fase superior del capitalismo. Los tipos, tanto Marx como Lenin, analizan es al capitalismo y tienen razón, están hablando es de un sistema, de un modo de producción de una cultura que avanza y domina el mundo.


Volviendo al tema, en esos primeros procesos, la llamada revolución soviética ocupa un espacio pequeño que solo tiene que ver con Rusia y algunos aledaños, pero luego aparece la segunda gran guerra, y con ella una nueva rendija que se expande por todo el este europeo, que es como la continuidad de la revolución soviética. Aparece China, después aparece Cuba, Vietnam y así sucesivamente.


Entendemos que el lenguaje está viciado y, bueno, lo que da nombre a los movimientos es el de revolución, como lo impuso la burguesía, porque pudo haberse llamado movimiento marxista-leninista o movimiento soviético equis, pero como la palabra revolución está de moda, y la literatura y el cine se habían encargado de romantizar la revolución francesa, termina dándole nombre ese nombre a todo movimiento social que va ocurriendo, que va cambiando gobiernos. Y son cambios de gobiernos que supuestamente plantean cambios masivos de estructuras, pero no son revoluciones, porque no cambia el aparato de producción que es el que le da existencia al acto político. El Estado burgués no es posible sin la burguesía, sin el aparato de producción burgués, porque él está ahí para sostener todo eso.


Las grandes convulsiones que se están produciendo en este momento se dan justamente porque la burguesía quiere deshacerse del Estado y está moviendo unas estructuras muy fuertes, muy poderosas, y hay muchísima gente que quiere que eso no ocurra y genera unas grandes contradicciones, pero eso no es una revolución, eso forma parte del proceso de reacomodo que le está ocurriendo a un sistema, que fue el resultado de una revolución que ya ocurrió.


Los diferentes movimientos sociales que se presentan en todo el planeta no son más que las consecuencias de ese esfuerzo de reacomodo que cada cierto tiempo está obligado el capitalismo a realizar, porque de otra manera tendría que colapsar.


Ahora bien, para que suceda lo distinto, lo diferente, tiene que ocurrir un nuevo cambio de estructuras, un nuevo paradigma, un nuevo modelo, una nueva manera de pensar, de adquirir conocimientos, de producirlo, de trabajar, bajo otras motivaciones que no sean por ejemplo la de robar al otro, de matarlo, la de hacerse rico, la de acumular riqueza, la de destruir un río. Comprendiendo al mundo, no desde el punto de vista de la muerte, sino desde el punto de vista de la vida; no desde el punto de vista religioso, sino desde la vida. Eso tendrá otro nombre, pero estas convulsiones que nos están ocurriendo no son producto del plan de la especie empobrecida para cambiar su condición de vida.


Para que ello sobrevenga es necesario pensarlo, y para pensarlo, la especie empobrecida debe reconocerse como tal y decidir si quiere seguir siendo esclava eternizando las ilusiones que le vende la cultura humanista. O si quiere superar esa condición, sustituyendo el modo de producción capitalista.


La creación de otro pensamiento que sustituya al actual paradigma humanista pasa por que esta especie que somos entendamos que existimos como especie esclavizada, pero con capacidad de pensamiento, capaz de crear conocimiento para nombrarnos con nuestros propios intereses, sabiendo que existe la burguesía y que sus intereses son radicalmente distinto a los nuestros y no son reconciliables, porque para que ellos existan como seres libres nosotros debemos existir como esclavos, aun cuando tengamos sueldos muy altos o nos inviten los diciembres a compartir la cena en la empresa.


Nosotros debemos saber que no podemos existir imitando al dueño. La única manera que dejemos de ser esclavos es abandonando la ilusión de ser el dueño y eso requiere tener conciencia de pertenencia, tener unos intereses, que no es como negro, mujer, pescador, obrero, campesino, indio, sino como especie empobrecida es que tenemos que pensar, diseñar esos intereses. Saber que la burguesía existe por nosotros, que abandonándola ella dejaría de existir y con ella nosotros en la condición de esclavos, mas no la gente que somos. Eso tenemos que saberlo.


Las tareas que deriven de esos estudios no pueden llevarnos a la venganza porque repetiríamos historia, eso ya ocurrió, lo que tenemos que saber es que no puede seguir ocurriendo y tenemos que diseñar un medio de producción, un diseño político para construir esa otra cultura.


Ante una premisa falsa el resultado siempre será falso. El diseño de la Unión Soviética partió de una premisa falsa y terminó con un resultado falso devolviéndose al capitalismo, porque supuestamente todo el esfuerzo de líderes y pueblo fue para eliminar al capitalismo e instaurar el comunismo y de allí a la felicidad del mundo, pero el resultado fue la vuelta al capitalismo.


Nosotros, 104 años después de la creación de la Unión Soviética, debemos saber que el capitalismo es un presente permanente de sometimiento al planeta y eso es todo lo que es, un presente consumiéndose al futuro de los no nacidos, un presente de explotación, de robo, de crimen, de saqueo, de masacre. Eso no lo califica como bueno o malo, eficiente o ineficiente, bonito o feo; simplemente es, existe y funciona como sistema de nuestro pensamiento decisorio, depende de si continua o lo sustituimos.


Las personas que deseen conversar sobre esta posibilidad no deberían confrontar a nadie. Toca estudiar, analizar, y el que quiera conversar, explicarle, se moleste o no se moleste, esa es una verdad que no se puede ideologizar. No podemos convertirla en una verdad bonita, en la más arrecha, no se puede convencer a nadie de esa verdad. Olvidemos eso de andar convenciendo, la tarea es sistematizar lo que estamos pensando, porque debemos generar esa nueva intelectualidad colectiva y eso hay que tenerlo clarísimo, no hay que tener dudas de la importancia de la tarea que estamos haciendo. No estudiemos para pasar un examen, para ganar premios, concursos o emolumentos que nos ensalcen o asientos en academia, no nos copiemos, no seamos mediocres, juntémonos para preguntarnos cómo hacerlo.


La especie, como la vida, no tiene tendencia al suicidio, nada lo indica, aunque algunas de sus formas lo practique en una escala muy pequeña. A la gente le gusta vivir, somos una forma de la vida y nos gusta vivir. Hay que tener claro que debemos trabajar para descubrir cuáles son esas condiciones en que la vida es un acto placentero, un disfrute sin amos ni esclavos, sin aguas contaminadas, sin desforestaciones, sin envenenamientos masivos, sin guerras u otras condiciones que permanentemente ponen en peligro la vida en el planeta.


Esta especie no es posible sin el pensamiento ni el trabajo. Debemos diseñar cómo será ese aparato de producción que realmente necesitamos como especie para vivir en comodidad, con tranquilidad, no para un individuo de la especie, sino para la especie como una forma de la vida, porque la vida no es un unísono, la vida somos millones de formas, millones de maneras de cantar, de hablar, de vivir, de reproducirse. Entonces tenemos que tratar de pensar hacia allá, no si el que está a nuestro lado come o todos comemos o no comemos.


Para pensar el futuro debemos olvidarnos de nosotros, pensémoslo sin el nosotros incluido, porque el pensamiento serio de hoy tiene que olvidarse de la persona que está pensando o la persona que está pensando tiene que olvidarse de sí mismo, porque incluso su pensamiento cuando se emite no lo toma en cuenta. Una cosa es pensar qué vamos a comer mañana y ya eso no es pensar, porque estamos es pensando en cómo resolver un problema de algo que ya existe, que somos nosotros, pero cuando pensamos en resolver el problema de todos ya no existimos como individuos.


Ahí ya dejamos de tener existencia en el pensamiento y es por eso que se dice que nadie puede habitar su propio sueño o en su propio pensamiento; cuando imaginamos "qué bonito cuando vivamos en el socialismo" nos jodimos, porque estamos pensando en algo que creemos de pinga aquí, porque en la realidad no podemos saber qué es socialismo, porque eso no existe, porque no lo hemos creado, es un hecho totalmente utópico. El comunismo o las caraotas azules o como llamemos el otro dato cultural que surgiría a partir de ese pensamiento con todos y para todos, que es lo que produciría otro cambio y otro nombre, se llamaría de otra manera, un cambio de todas esas estructuras ya no sería una revolución, sería otra cosa, ya no se llamaría capitalismo, humanismo, liberalismo, tendría otra designación que la van a decidir generaciones futuras, el cómo se van a nombrar.


Usar el mismo concepto revolución, sí, pero en el caso de que así fuera, ¿dónde están los filósofos de este momento? ¿Dónde están los pintores? ¿Dónde están los músicos? ¿Dónde los arquitectos, los poetas, dónde están los tipos delirando en las calles por lo que está ocurriendo, dónde esos políticos desprendidos de todo presente? ¿Dónde esos soñadores insomnes sabiendo que no podrán vivir en sus propios sueños pero dispuestos a entregarse por entero? ¿Dónde esos creadores, escultores?


Porque un cambio de paradigma, de modelo, es como un estado de locura que le pasa a las personas, que se manifiesta a la vista de todos, es un proceso creativo que se odia o se ama sin cortapisas. Es masivo y las personas no tienen duda, ni miedo, no los trasnocha el hambre, ni los detiene la ignorancia, por el contrario es un alimento, se encuentran y se reúnen y se buscan y crean estructuras. Las grandes mayorías se constituyen en fuerza a veces destructivas, a veces constructivas, de acuerdo con las circunstancias.


Sus anunciadores, sus propulsores, sus arquitectos, sus poetas, sus músicos, sus políticos, sus filósofos, no andan acumulando plata o metiendo zancadillas para subir de cargo. Son insomnes penitentes, con los ojos abiertos y los pies bien sustentados en la tierra de la realidad, aun cuando sueñen a otros en otras esferas de existencia, sabiendo que ahí no estarán, pero lo hacen con la felicidad de que lo que existe no le hace falta, y mucho menos lo que existirá como futuro.


En la actualidad lo que ocurre, como ya dijimos, es un proceso de reacomodo del capitalismo y para ello el sistema y sus detentadores no necesitan pensar, solamente aplican lo que ya saben para protegerse o eliminar los peligros que se le presentan con la apertura de las rendijas. Eso está ocurriendo. La ausencia de comprensión de quiénes somos nos lleva a condenar al capitalismo porque nos muestra sus llagas y nos molestan y lo condenamos. El mundo está condenando al capitalismo, "maldito capitalismo", "el capitalismo no sirve", "el gobierno", "el imperialismo".


Pero ajá, está bien, digan que el capitalismo sirve, porque la mayoría de los criticadores dicen que bajen los impuestos, que son muy altos, que suban los salarios, que le den de comer al pobre, que hasta cuándo los desahucios, hasta cuándo esa gente tirada en la calle. Pero eso no es nada, eso siempre ha estado allí. Mientras rumian en sus cómodos trabajos de oficina nosotros llevamos del bulto y no es eso de lo que se trata. Se trata es de crear una propuesta ante el desastre del capitalismo. Aquí estamos proponiendo esta alternativa, estamos construyendo la posibilidad experimental de generar otro modo de producción, que resuelva el problema de todos entre todos. Eso sí es distinto.


Para crear un sistema de vivir distinto necesitamos dejar de mirar al planeta como una mina, de pensar que nos pertenece e intentar saber que somos parte integral, y para ello debemos tener un plan y confiar profundamente en nosotros, para nombrarnos como lo ansiemos y sentirnos orgullosos de ser esta especie, una más de las millonésimas formas de la vida que somos.


Quienes somos, hemos soportado todas las veleidades de esas élites que en su miedo han creado todo tipo de mecanismos para el sometimiento de lo otro que es la vida, que no entienden que también son. Quienes somos los esclavos hemos dejado de pensar por muchos siglos, al punto de creer que si hacemos lo mismo que los dueños han hecho podemos salir de la trampa en la que estamos metidos. No entendemos que al practicar cualquiera de sus postulados más los sustentaremos, porque somos más, defendiendo las hechuras del mismo pensamiento.



Si realmente queremos pensar debemos suicidarnos intelectualmente y asesinar el pensamiento que nos habita e imbuirnos desnudamente en la misteriosa incógnita que somos como vida. Lo demás es repetirnos en un continuado presente de esclavitud en nombre de principios y valores ideológicos, que hasta ahora solo nos han conducido a ser una especie esclavizada en toda su magnitud.

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